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La historia de una madre: Síndrome del bebé sacudido.
Otro efecto negativo de la crisis económica es el aumento del abuso de los niños. Aquí, una madre del Hospital de Niños de Boston comparte la historia de cómo su esposo sacudió a su hija de dos meses y cómo han pasado los últimos años tratando de reconstruir sus vidas.
15 de Julio, 2009
Otro efecto negativo de la crisis económica es el aumento del abuso de los niños. Aquí, una madre del Hospital de Niños de Boston comparte la historia de cómo su esposo sacudió a su hija de dos meses y cómo han pasado los últimos años tratando de reconstruir sus vidas.

Tu vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. No lo hubiera creído si no me hubiera pasado a mí. Nuestra hija tenía casi dos meses de vida cuando salí una tarde con una amiga. Me llevé a mi hija mayor Tessa, mientras mi esposo se quedó en la casa con la recién nacida, Erin. Cuando Tessa y yo regresamos a la casa me sentí tranquila al ver a Erin durmiendo en el hombro de mi esposo. Pregunté cómo había estado todo y me dijo que había sido un buen día. Me sentí bien al verlos compartir un momento especial. Durante los próximos dos días Erin estaba vomitando su leche y no estaba durmiendo bien.

En la tercera mañana, cuando cambié su panal sus heces estaban negras. Al poco tiempo, comenzó a temblar un lado de su cuerpo. Llamé a mi esposo y le dije que iba a llevarla al médico inmediatamente. Hice la llamada por teléfono y utilicé su parlante para poder atender a la bebé al mismo tiempo. El me pidió que apagase el parlante y me dijo que cuando yo había salido hace dos días, el no había podido hacer que Erin se durmiera, así que la sacudió para que parara de llorar. Yo me sentí muy sorprendida. ¿Por qué él haría algo así? ¿Por qué no me lo dijo antes? Me dijo que estaba aterrorizado y que no sabía qué hacer. Le dije que iba a llamar al médico porque ella necesitaba ser atendida inmediatamente. También le dije que iba a tener que decirles lo que el había hecho. Me dijo que lo único que importaba es que Erin esté a salvo y que sus necesidades médicas sean atendidas.

En la oficina del médico me dijeron que la llevara inmediatamente. No les mencioné el hecho de que Erin había sido sacudida hasta que estuve en la oficina y le dio otra convulsión. Desde la oficina del pediatra de Erin nos dirigimos al hospital de la ciudad en donde tuve que repetir la historia de cómo se había lesionado y tuve que hablar con una trabajadora social.

Erin era de un tamaño pequeño para su edad y era difícil encontrar sus venas, así que tuvieron que localizar una vena en su cabeza para tomarle una muestra de sangre. Esto me envejeció por lo menos 10 años. ¡Mi pobre dulce niña! ¿Cómo es posible que esto esté pasando? ¿Cuándo me voy a despertar de esta pesadilla? Se hizo la decisión de transferir a Erin al Hospital de Niños de Boston. Me acuerdo que en la ambulancia no me permitieron sentarme atrás con ella, sino adelante con el chofer. Los pensamientos corrían en mi mente. Poco sabía yo que el Síndrome del Bebé Sacudido es considerado una forma de abuso de niños y que mi esposo podría ir a la cárcel. El viaje a Boston se me hizo interminable.

Cuando nosotros llegamos, mi esposo ya estaba allí. El color de Erin se había vuelto pálido y había tenido otra convulsión. El neurólogo de turno le dio un medicamento para controlar la convulsión. El ver a mi pequeña hija conectada a tantos diferentes tipos de máquinas es una imagen que nunca podré olvidar. Mientras estábamos en la sala de emergencia, un policía estatal y otros policías de nuestro pueblo vinieron a hablar con mi esposo y conmigo. Hablaron con nosotros por separado. A medida que comencé a contar la historia, mi compostura se desvaneció y las lágrimas comenzaron a rodar. Me echaba la culpa. No debería haber salido ese día. ¿Cómo permití que algo así le pasara a Erin? Recuerdo que el policía me decía que no era mi culpa. Que yo debería de haber tenido la confianza en que mi esposo iba a cuidar sin problemas a nuestra pequeña hija. La confianza es una pequeña palabra que tiene tanto peso.

Después del interrogatorio, Erin fue admitida en la Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal (NICU, por sus siglas en inglés). A mi esposo no le permitieron verla, pero yo la visité una vez que la pusieron en una habitación, hablé con sus enfermeras y luego me dirigí a la casa a ver a Tessa. Durante el viaje en tren a la casa, el Departamento de Servicios Sociales me llamó y me dijeron lo que debía suceder de acuerdo a la ley. Me dijeron que mi esposo no podía regresar a la casa y que al día siguiente necesitaba poner una orden de restricción en su contra o de lo contrario mis hijas tendrían que ir a un hogar de crianza temporal.

La policía lo llevó a mi esposo a nuestro pueblo. Le dijeron que debía regresar al día siguiente para ser acusado de los cargos criminales en su contra. El me recogió en la estación del tren y le expliqué que no podía regresar a la casa. Lloró y me pidió perdón por haberle hecho daño a Erin. Me dejó en la casa y se fue a un hotel. Esa noche Tessa y yo dormimos juntos. Aún no creo que sí pude dormir, pero el cansancio me venció. Recuerdo haber abrazado a Tessa durante la mayor parte de la noche.

Al día siguiente, llevé a Tessa a la casa de la niñera, le llevé ropa a mi esposo al hotel, le dije que consiguiera un abogado y me fui a Boston. Cuando vi a Erin en el NICU, sus enfermeras dijeron que había tenido una buena noche y que el medicamento le había controlado las convulsiones. Ella necesitaría que le tomen una imagen por resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) y rayos X para determinar si había daño cerebral. Sólo así podríamos saber si ella tendría problemas permanentes como resultado de la sacudida. Un trabajador social del hospital, que tenía compasión y que fue muy profesional, me explicó que se iba a hacer cargo de nuestro caso hasta que salgamos del hospital y que luego el caso sería asignado a un trabajador social del Departamento de Servicios Sociales (DSS, por sus siglas en inglés).

Mi esposo la había sacudido a Erin el domingo. Era miércoles. Mi vida había cambiado. Mi vida y la de mi familia ya no estaban bajo mi control. ¿Qué pasaría con nosotros? Luego de pasar el día con Erin, fui a la corte a poner una orden de restricción. El DSS había dado órdenes muy específicas de lo que debería incluir en la orden para que yo pudiera retener la custodia de mis hijas. Algunos de los empleados de la corte no fueron muy amables. Ellos me recordaron lo afortunada que era de que Erin no había muerto. Estaba muy afectada emocionalmente y todos estos trabajadores civiles no estaban siendo cortés conmigo.

El periódico local se enteró de la historia. El reportero me llamó y tuvo la audacia de preguntar “mi lado de la historia.” De mi trabajo llamaron. Cualquier intento de lidiar con esta terrible experiencia en privado se esfumó. Se empeoró por el trato que continué recibiendo de la gente que no sabía nada de nuestra situación, incluyendo una de las trabajadoras sociales del DSS que me visitó en mi casa antes de ir a visitar a Erin al hospital. Me dio una reprimenda vigorosa, preguntándome cómo pude dejar que esto suceda. Me dijo “tú eres una mujer de educación universitaria.” “Tú no cumples el perfil usual de la mamá de un niño sacudido” (Mucho después durante una conferencia de Intervención Temprana aprendí de parte de un oficial estatal de salud pública que nuestro perfil demográfico era el más común del Síndrome del Bebe Sacudido). ¿Es esto lo que pasa cuando tu bebé es sacudido? ¿Es así como los profesionales tratan a una familia en crisis? Me eché a llorar y me sentí la peor mamá del mundo. ¿Acaso no me había dicho el policía que esto no era culpa mía? ¿Acaso la trabajadora social del hospital no me había tratado como un ser humano?

Hasta ese momento no le había dicho a mi familia y a mis parientes lo que estaba pasando. Finalmente llamé el viernes. Una de las llamadas más difíciles de mi vida fue decirle a mi papá lo que había pasado. Al día siguiente él viajó por avión y era el soporte que necesitaba para sobrevivir hasta que Erin regresara a casa del hospital el siguiente miércoles. Le recetaron Phenobarbital para controlar las convulsiones y hasta el día de hoy no le ha vuelto a dar otra.

Los últimos tres años han sido un desafío. Al principio no sabíamos si Erin iba a tener más convulsiones o un daño cerebral a largo plazo que le podría afectar el resto de su vida. Una serie de imágenes por resonancia magnética (MRI) indicaron que Erin tiene algún daño cerebral que podría impactar su visión en el largo plazo (ella ahora usa espejuelos), pero hasta ahora sus habilidades cognitivas no han sido afectadas. Ella recibió terapia ocupacional (OT, por sus siglas en inglés), terapia física (PT, por sus siglas en inglés) y otras terapias a través de la Intervención Temprana (EI, por sus siglas en inglés) desde la época en que salió del hospital hasta su tercer cumpleaños. Y debido a que ya había pasado la etapa de la Intervención Temprana, ella ahora recibe terapia ocupacional, terapia física y terapia de lenguaje en la escuela dos veces a la semana y va a la escuela cinco días a la semana. A pesar de todo esto, yo sé que somos afortunados; Erin es una niña muy dinámica y estupenda.

Pero por supuesto que han habido bastantes consecuencias negativas de todo esto. Mi esposo no fue a la cárcel, pero se declaró culpable y está en libertad condicional. ¿Seguimos juntos? Sí, seguimos juntos. A él no se le permitió regresar a la casa hasta que la corte lo autorizara, 18 meses después de sacudir a Erin. El estaba destruido por este incidente. El haber sido forzado a vivir lejos de nosotras por un año y medio le dio tiempo para reflexionar sobre lo que había sucedido. El pensó que había perdido a su familia. El también sabía que le había hecho daño a Erin y, como se imaginan, sufre de una culpa terrible.

Los miembros de mi familia y mis parientes han reaccionado a esta situación de diferentes maneras. Mi papá no ha aceptado lo que pasó, pero perdonó a mi esposo. Yo soy la mayor de cuatro hermanos. Uno de mis hermanos confía en mi criterio y ha puesto el incidente en el pasado. Mi otro hermano y mi hermana no aceptan las disculpas de mi esposo y no van a eventos familiares a los que va mi esposo. Esto me hiere profundamente, pero no puedo cambiar lo que ellos sienten. Mi única esperanza es que en el futuro ellos perdonen a mi esposo y se den cuenta que todos somos humanos y que el mundo no es blanco y negro.

Y luego está la inevitable pregunta de qué le diremos a Erin y a Tessa cuando sean mayores. Mientras mi esposo estaba fuera de nuestras vidas, la puse a Tessa en terapia individual para que se sobreponga del hecho de que su papá no era una presencia constante en su vida, pero nunca hablamos de la razón de su ida. Y hablando honestamente, todavía no sé cómo explicarle esto a Erin. Mi terapista me dijo que tendré que compartir esto con ella y que debería prepararme para las posibles repercusiones. Cuando llegue el momento de tener esta conversación con las niñas, lo haremos como familia y con la ayuda de un terapista familiar. Para mí, el tiempo de separación me permitió ir a terapia y a resolver lo que quería para mi familia. Necesitaba volver a ser sana y a quererme a mi misma nuevamente para poder ser una madre fuerte. Juntos, mi esposo y yo asistimos —y seguimos asistiendo— a terapia de pareja. El perdonarlo me permitió mi recuperación. Recobrar la confianza es un proceso en curso. No todos están de acuerdo con mi decisión, pero cuando cenamos juntos como una familia y veo el amor en los ojos de Tessa y Erin por su padre y madre, sé que tomé la decisión correcta. La vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos y cuando cierro mis ojos, quiero ver a mi familia unida.

*Todos los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de la familia.

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